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domingo, 26 de octubre de 2014

Resquebrajados



Resquebrajados.
Marcos Hillebrand.
Shaquerla.blogspot.com.ar




-¿De qué está hecho el corazón, señora?
- En honor a la verdad, gran anciano blanco, no lo sé. ¿Usted qué?
-¿Yo qué, qué?
-¿Usted qué me dice?
- Yo digo que es cristal.
-¡Que trillado!, ¡Ja!
-¿Amor?
- Cliché
-¿Paz?
-¿Paz? ¡Ja!
-¡¿Motor?! ¡Motor!
-¡Motor, sí! Bombea la sangre. Motor, ¡sí!
-¿Motor, entonces?
-No sé, gran anciano blanco, ¿Usted qué?
-¿Yo qué, qué?
-¿Siente que es motor?
-¿Viéndome ahora mismo, dónde estoy, cómo he llegado a esta punto de madurez, de vejez, le parece que lo siento realmente así?
-Definitivamente no.
-Bueno, por eso para mí es cristal.
-Qué trillado.
-¿Y usted qué?
-¿Yo qué, qué?
-Qué es para usted, si no es ni cristal, ni amor, ni paz, ni motor?
-Motor ¿por qué no?
-Pero ¿me dirá específicamente qué es para usted?
-Viéndome aquí, con usted, por primera y última vez, ¿le parece que tengo corazón?
-Yo estoy aquí, igual que usted conmigo, con usted, y tengo mi corazón, es cristal. Y por eso mismo es que nos estamos viendo, quizás. ¿Por qué usted no tendrá corazón?
-Entonces para mí es un estúpido tumor en apariencia de motor. Es, en definitiva, lo que me conecta con el remordimiento de poder ser algo mejor, de tener la posibilidad de vivir.
-¿Y usted qué?
-¿Yo qué, qué?
-¿Se va a quedar o se va?
-Su tiempo terminó, gran anciano blanco. Viejo anciano blanco. Ya me voy.
-Cuide su tumor, entonces.
-Cuide su cristal, entonces.
-Hasta luego, entonces.
-Hasta luego.
Fotografía: Jimena Castiñeyras
Flickr: https://www.flickr.com/photos/jimenacasti/


jueves, 23 de octubre de 2014

Refilón soledad.



Refilón soledad.
Marcos Hillebrand.
shaquerla.blogspot.com.ar



Tengo una llaga, y son tus yemas las únicas que saben endulzarla. Sobre esta lesión descansan mis desengaños y mis desesperanzas, mis desalientos. Todo yace y se articula en ese cáncer, la fiebre de mi porvenir; y tus manos endulzan la herida.
Dudo de mí si no hurgan tus manos mi dolor, mi abismo, mi quéserá tan discontinuo y tan frecuentado por esos apócrifos y manoseados fantasmas de un pasado de refilón.
Gracias a tus yemas por su maltrato suave. 
Gracias fiebre mía por dejarla hurgar despiadada.

Contratapa Pescado 2.
Yemas que tocan cuerdas
y herida que se abre.
Contratapa que le da sentido.

domingo, 28 de septiembre de 2014

"Las almas -y los sueños- repudian todo encierro" (Cantata de puentes amarillos - Pescado Rabioso)

El tipo del que les hablo despertó de un saque tras una horripilante pesadilla: era un sueño que amanecía hecho realidad, luego despertaba, como sueño dentro de sueño, y todo era otra vez falaz. Un desengaño super agresivo, super bien, superchería si las hay. ¡ Caramba ! Se consagró de idiota el tipo éste del que les hablo al llorar como una cabra, unos alaridos horribles además, te juro que un asco el tipo. Se levantó y tuvo ganas de seguir soñando. Había dormido dentro del sueño, inclusive. ¡El tipo se durmió hasta soñando! Y viene durmiendo así los dos tercios de su vida, ¿cuánto le queda? ¿Un tercio y listo? ¿Cuánto? ¿20 años? ¿25? Y el tipo se duerme hasta en los sueños, y sueña que los sueños se le cumplen; pero cuando se levanta el tipo llora asqueroso como una cabra, que desgracia de imagen. ¿Cómo no prefigurarse una balsa que naufraga sin haber zarpado?
¿Cómo naufraga una balsa en el mar, si nunca zarpó? ¿Habrá requerido al rompimiento de las barreras de la materialidad, echándose a la suerte sin más, remando sobre arena y esperando encontrar el otro lado del océano tras un amanecer y despertar sobre granos dorados? ¿Habrá preferido la falsa arena que es capaz de tocar, antes que el cielo estrellado sobre el mar libertino, peligroso, y tan que uno se encariña con el paso del tiempo? Es, la balsa que naufraga sin nunca zapar, la tentativa inconsciente, llena de resignación, de destruir ese sueño que nos atraganta antes de hacerse realidad. ¿Cuál es mi mar? ¿Cuál es tu mar? ¿Quién me avisa a la hora de naufragar?



jueves, 21 de agosto de 2014

Crónica de un tiovivo estático.


Crónica de un tiovivo estático.
Marcos Hillebrand.
shaquerla.blogspot.com.ar

Algunos días después de dejar de lado "Once días de Buque" me embarqué en lo que sería mi mejor cuento; y lo digo porque sé que el tiempo me dará la razón.
Sin conocer siquiera cómo funciona la razón, la abandoné al tiempo, buen encargado irresponsable de mi destino. 
¡¿Qué iba a hacer si no?! Era lo único que me quedaba. Pensándolo mejor, siempre fue lo único que tuve. 
Y así es que ni de mi tiempo ni de mi destino soy el dueño, lo único que aún me respeta y cumple conmigo es mi entusiasmo, que al mismo tiempo tiene un solo destino: matar al sin destino y sin tiempo con una buena dosis de desilusión.
Odio al entusiasmo, tan kamikaze.



jueves, 7 de agosto de 2014

El álter ego a destiempo.


¿De qué estoy hecho?


Nota primerísima: 
                         Pensé sobre quién era él, y en una conclusión que me demoró unas varias vueltas al asunto resolví que no era ningún álter ego del pasado, y que probablemente, por cómo se dan las circunstancias, yo sea su álter ego del futuro, pero con un humo de verdad que me hace respirar menos (no inflar tanto el pecho) y caminar más. Algo así como un aprendiz de lo que fue, y un arrepentido de lo que podría ser si fuese, aún hoy, él
De todas formas no soy más que hoy, y estoy hecho de eso mismo, pero con la ventaja de poder recordarlo, tanto valiente como ingenuo, a él. Y en todo eso hay algo que florece y no para, ni desde su ingenuidad ni desde el actual escepticismo a medias: la palabra.
Él es el maestro que arrepiente y enorgullece mi pasado, que no habla pero habló. 

Ahí va. 

El álter ego a destiempo: confundido.
Marcos Hillebrand
shaquerla.blogspot.com.ar

      -Lo más probable es que haya cambiado completamente su forma de vestir, y en consecuencia no puedo reconocerlo. Porque por algún motivo que aparentemente desconozco, él se olvidó de ser lo que era, y ahora no está, se quedó en el tiempo. Y quizás sí… obviamente sí; las razones están veladas por ese manto de su inevitable incomprensión y ese reservarse constante frente todos, frente a ustedes, frente a mí. 
Y no me sirve ahora que me digan que nadie lo sabia, y que los que -aunque ahora esté todo aparentemente bien- en los tiempos de bien me apoyaron -o mejor dicho, lo apoyaron a él y le embellecieron y le entretuvieron y divirtieron- tampoco lo sabían. No puedo creer, no es algo que pueda aceptar, tamaña incógnita… tamaña ocultación no cabe -quizás por lo taxativa que resulta la circunstancia que logra reducir hoy mis ganas- en mi cabeza. Y quiero aclarar que eso afecta directamente en mi osadía y en mi atrevimiento a la hora de volver a caminar sobre un camino tan blanco y tan vacío. Pero lo hago, eternizo la palabra. 
Y aunque quiera, no estoy seguro de si él está extraño y es casi un desconocido por su malgastada gana y su zaparrastrosa forma de vestir, cubierto de andrajos pasados; o por un renovado escepticismo ceñido sobre un entusiasmo prevenido y vigilante, latente en mí. Y es tan ancha mi duda, porque esos andrajos deteriorados eran nuevas telas de una efímera seda circunstancial, directamente proporcional a mi entusiasmo virgen, carente de las zancadas que solo una bien argumentada crítica podría proporcionarme. Defectuoso e ingenuo, descuidado y por decirlo de algún modo crudo: insuficiente; en la frente llevaba escrito “ahí voy, y ¿quién me para?” Y mientras tanto me mentían, o fingían –o creían en- un frágil don de cristal que yo mismo me encargaba de regar y enterrar en esa tierra que cubría las rajaduras que crecían y me llegaban hasta el cuello. 
Todos esos andrajos pasados que hoy lo cubren a él, yo se los fui dejando después de cada topetazo que yo mismo me atribuía. Y como un buen regalo que sobrepasa los límites de lo conocido, fue recibido de mala manera. Aquel mal-gastado y mal-usado, pero bien aprendido, ahora carga contra mí en cada oportunidad y entre golpe y golpe me dice palabras, sin hablar, que duelen pero que conquistan en mi rumbo un paso más; un paso silencioso bien en el medio de los pensamientos que al oírlo acallan y resuelven en una idea limpia antes de serle indiferente por un tiempo más. 
¿Por qué nadie me dijo la verdad hasta tal punto de recibirla toda de una sola vez, tragarme el nudo y tratar de mejorar? No fue precisamente él el encargado de darme unos golpecitos en la espalda y hacerme oír lo que decía. Fue él, sin embargo, el encargado de recibirlos. Y hoy lo recuerdo, tanto valiente como un crédulo entusiasta. Y hasta quizás en un tiempo vuelva a recordarlo y me sume, siendo hoy yo también -pero no existiendo más como ser, sino como seré-, a ese crédulo entusiasta y valiente ingenuo. Pero al menos no como un escéptico a medias en un traje de carne de “relajado pero perdido”. Y también quizás, en un futuro vuelva a decir: “Las razones están veladas por ese manto de su inevitable incomprensión y ese reservarse constante frente a todos, frente a ustedes, frente a mí… ¿por qué nadie me dijo la verdad hasta tal punto de recibirla toda de una sola vez, tragarme el nudo y tratar de mejorar?”
Me confundo... pero eterizo la palabra. 


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domingo, 3 de agosto de 2014

Si solo existiesen "yos"



¿Cómo sería? 
Pequeña conclusión 
¿pre-cuento?

Marcos Hillebrand
shaquerla.blogspot.com.ar

  Después de encontrarme por primera vez conmigo mismo, en la calle, tuve pesadillas. Soñé que de pronto todos en la vía pública eran la misma persona: yo. ¿Se imagina? Un orden y un control aberrante, todos entendiéndose, no reconociéndose también, porque eso es obvio. Y del día a la mañana algunos dormirían, y de la noche al día algunos otros despertarían y beberían, solos, a pesar de conocerse los unos a los otros como parte de un mismo cuerpo.



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viernes, 18 de julio de 2014

Densidad ilegible II


Densidad Ilegible II
Marcos Ezequiel Hillebrand
shaquerla.blogspot.com.ar


Violín soñado.

          Violinistas Húngaros tocan la última pieza frente al emperador y sostienen el equilibrio que va cayendo de a poco como la nieve a los alrededores del continente europeo. Envueltos en sus melodías hablan con las manos y se defienden de las miradas. En un espacio pequeño, tras los demás instrumentos y tras los otros violinistas aparece el pequeño anciano de barba blanca y cabello seco. Siente el devenir de la música y el olor de la guerra. Sabe que una peste se acerca y que tarde o temprano se verán en la obligación de apagar los instrumentos, de poner a correr el tiempo, de dejar que la noche apague las velas, que la nieve deje de caer, la luna ilumine y el fuego deje de calentar. Piensa el violinista húngaro y se convence de su absoluta degradación y de las heridas en el alma que le carcomen poco a poco el cráneo, dejando en absoluta libertad el cerebro, a punto de explotar en medio de una gran sala. Y a su cabeza entran con facilidad los aplausos. Y sin darse cuenta yacía de nuevo en su cama, descalzo, con la luna rebosante en un cielo sin estrellas, y al lado de un fuego frío entre los árboles congelados por el viento sin hogar. Despertó. 


La comodidad del azur.
          Encontrará un abismo donde caer parado, y se lastimará porque le hace bien. Encontrará al final de la calle un templo abandonado donde rezarle a sus dioses muertos, y fingirá estar vivo a cambio de tener en sus manos el destino de sus días, y fingirá también el besar y el abrazar, con la lástima y la pena de haber vendido el alma sin darse tiempo de haber amado primero. Encenderá el hilo encerado sobre el cabo de una vela de hielo, y los dedos le dejarán de funcionar, no le harán caso, y no podrá escribir ni rezar ni acariciar, porque la vela dejará de dar luz, se apagará en agua helada por haber iluminado, y los pies también se le mojarán, entonces no podrá tampoco caminar ni correr ni jugar. 

El valle predilecto y las montañas mironas.

Era extraño saber y tener la seguridad de que él andaba dando vueltas por allí, en forma de quién sabe qué -de alma diría mi abuela y de perro diría él mismo-, entre las montañas que no dicen nada, ni me cuentan si él anda por ahí. Tanto miran, tanto miran que no dicen nada, y están asombradas por la magnificencia de su vuelo, aunque yo no lo veo, y quizás ellas tampoco, lo sienten, que anda por allí cantando en silencio y en transparente fulgor. Era extraño saber también que yo de un momento al otro terminaría allí volando también a su lado, pero en soledad. Su compañía es fría o calurosa, pero nunca es compañía, y eso también me resulta extraño saber. No sé como sé, pero yo sé. Ahora ando tranquilo y entiendo qué es lo que pasa, y que aquel quién sabe en qué forma ahora es una respuesta clara y libre, en forma de viento.

miércoles, 16 de julio de 2014

¡Escúpelo!



¡Escúpelo!

Marcos Ezequiel Hillebrand.
shaquerla.blogspot.com.ar

  Entender que algunas cuestiones se van sucediendo pero que en algún punto acaban, es entender que ya nada es ni más fácil ni más difícil, simplemente acaban. Me ha pasado, con alguna que otra cuestión,que de momento pareciera no tener fin, y que aunque estuviese la ilusión del final, de que uno está próximo a acercarse, continúa y continúa como un hilo largo en un carretel enorme, lleno de nudos. Una vez, en una de esas cuestiones como hilos infinitos, que se van sucediendo una tras otra, desaté un pequeño nudo de esos que también se van sucediendo como sin fin, y a los días de aquellos cinco minutos que me tomó desatarlo, el carretel cayó y rodó por el suelo, ya sin hilo. Vacío. Aquel que parecía no tener fin se consumió a sí y todo el hilo que yo iba sacando tomándolo de la punta ahora estaba todo enredado, enmarañado en el suelo, pero no me importaba. Recuerdo haberlo pisado y arrastrado, luego lo tomé con mis manos y arrojé el gran bollo de cuestiones dentro del tacho de basura. Fue satisfactorio no volver a tirar de la punta del hilo infinito. Del carretel nada más sé, simplemente desapareció. Quizás se haya escondido debajo de la cama y yo nunca lo vi, pero también es bueno suponer esa probable circunstancia, pues estaría lleno de polvo y hasta telarañas, y eso realmente me alegra. Lo único malo es que el tacho de basura nunca se llena, siempre tiene espacio para más, solo me basta meter la cabeza para encontrar otra vez aquel bollo de hilo todo pisoteado y atragantarme con él.

martes, 17 de junio de 2014

¿Necesito? No, prefiero.

Necesito. Realmente necesito estar acá, de alguna forma. Necesito estar acá. 
En letra o en verso, en aire o en bruma. Necesito estar acá.
Necesito poder tomarme de las manos y desvanecerme sobre nada,
y sobre todo. Necesito estar acá, y llegar a todas partes desvanecido,
para no ser mas todo, y siendo nada no ser tan duro ni lastimarme,
ni lastimarte. Necesito estar acá, necesito ahora mismo caer,
como viento, como polvo, como una voz que se cuadra en el espacio. 
Necesito estar acá, lo necesito más que creer que puedo lograrlo. 
Desvanecerme en aparecidas letras, o versos, o aire, o bruma.
O lluvia y chocar con las hojas verdes de los árboles de la ciudad,
y escucharme cayendo, una y otra vez. Si, eso es lo más importante,
escucharme cayendo sobre las hojas verdes.
O puedo ser trueno también, relámpago. Venir e irme una vez más.
¿Por qué no pluma de águila? Desprenderme desde allá,
desde donde la veo, volando sola y observando.
Necesito volar también, y olvidar este polvo que también es parte de mi.
Y yo también soy parte, por desvanecerme.
O por querer desvanecerme.
Después de todo prefiero ser bruma o viento.
Prefiero ser letra o verso.


Marcos Hillebrand.

sábado, 14 de junio de 2014

Enloquecido y Enmohecido.

 
  A ver quién conoce estas palabras:
"¿Que tal si deliramos, por un ratito?"

  Va:

Es un libro que cae al revés, por ahí tiene algo que ver.
Ph: María Florencia Cáceres.
Dibujo: Yo, Marcos Hillebrand.
  Yo creo que no todas las cosas que uno hace mal son precisamente cosas malas, a veces el dolor de cabeza es tan grande como una peste alambrándose y al mismo tiempo pequeña como una comunicación exigente. Creo también que enloquecido y enmohecido son dos cosas distintas, cuando una recarga de energías, la otra lo hace de cosas malas y pegajosas que son, sin querer, dolores de cabeza gigantes. Por último creo que haber crecido creyendo cosas que ahora no creo, cosas que ahora creo en realidad son mentira, me ha enmohecido, y me ha dado dolores de cabeza gigantes, pero he enloquecido con el paso del tiempo y con el viento que hace al eco de mis voces, y es allí donde todo disminuyó hasta casi una comunicación exigente, e inexistente, entre las cosas que uno hace mal pero que al final, no son precisamente cosas malas, porque enloquecido y enmohecido, son cosas totalmente distintas.
  Y tanto enmohecido como enloquecido, enloquece y enmohece el tiempo las articulaciones. Pobre hombre moho, tan loco.



Marcos Hillebrand.

domingo, 8 de junio de 2014

Ideas de donde desprendes.


                                                      Ideas de donde desprendes.

  Ideas como islas, de las que desprendes y te echas a morir.        

  Saber lo que me tocó no es saber si lo merezco, ni saber quien soy es entender lo que hago. 
  "No entiendo" es casi un hecho (aunque a veces si). Son dudas raras, son como días que mueren por la mitad.
  Existen enfermedades distintas de ser como el algodón, pero no es lo que me tocó. Recién cuando siento la astilla me digo que es hora de cerrar los ojos y dormir. Y no sé tampoco si lo merezco.
  Y observarte bajo las palabras negras de donde descienden tus ideas es tan cruel que me hipnotiza. Lo cruel es que sabiendo no dejan de hablarme ni dejo de escucharlas. 
  Mirarte es entender a veces lo que hago. Cuando mencionas de qué estoy hecho, y que eso es bueno, es casi saber quien soy. Pero no estoy seguro.
  Además, saber quien soy no es entender lo que hago, porque no sé si merezco lo que me tocó.
  Y pongo sobre el escritorio aquel libro tuyo que una vez nos regalamos, y lo escucho de vez en vez, pero nunca entero, porque no sé si lo merezco.





  Marcos Hillebrand.

domingo, 1 de junio de 2014

Densidad Ilegible.

La Densidad Ilegible. 
                            Dulcemente densa. 
                                                     Intensamente entrañable.
                                                                                         ¡Ah!

Replantease la búsqueda.
  
Si en el ocaso se oculta el sol y al amanecer renace. La luna llueve tras las nubes y las nubes llueven a la luna, tocada por el hombre, ya en verdad, o ya en ficción. Tocada por el hombre al fin. Y el sol ¿cuándo tocaremos el sol? ¿Será necesario quemarnos y aprender allí que eramos nada más que monos jugando con fuego?

Haciendo al humo cascada.

  Yo no puedo imaginar al fuego que arde por sí mismo sin humo. Tampoco puedo imaginar un humo frío. Inevitablemente el humo que sale del fuego puro, es caliente. El humo, entonces, es inevitablemente caliente si el fuego lo es. Plantéese usted un humo frío saliendo de fuego caliente, o una voz en silencio que sale de una boca sembrada.

  
                                                              Densidad Ilegible.
  Mirar, húmedo frío de la lluvia, y la música que canta, y la masa que espera, y su densidad, su dulzura. Dulcemente densa, que barbaridad. Y el mar que agobia,y mi pecho que se oculta bajo las ganas de explotar, y mi boca que no sabe como desahogar, y me ahogo en mi pecho, tan difícil de descubrir, tan difícil de explorar. Y respiro profundo, y no entra el aire suficiente en mis pulmones, y mi pecho sin embargo se infla como solo se infla mi pecho. Y sin decir nada grito, y sin hablar nada grito, y sin herirme me caigo, y sin caerme me hundo. Y sin hundirme tomo una cerveza, pero tomo una cerveza y después me hundo. Y ¿qué hiciste? ¿Qué hiciste que ahora estamos tan así? Tan olvidados estamos. Tan escondida vos de mi. Tan escondido yo de vos ¿Hace falta siempre un idiota que intente interrumpir lo que no se puede interrumpir? Siempre los idiotas son inoportunos y arruinan lo que pienso. ¿Es necesario que yo también sea un idiota? ¿Es necesario que yo lo arruine todo?

   Y en el agua del estanque se refleja la luna. Y en el agua del estanque se refleja mi luna. Y en la luna se refleja tu mirada. Tan lejos. Tan húmeda.


domingo, 11 de mayo de 2014

La calle de las quejas. Quejosos en las veredas.

    Un día cualquiera hablando con mis interlocutores fantasiosos (yo): - "Caracterizados por “el palo” (no hay quien se salve del "palo"). Fantasiosos algunos en un mundo tan real por lo crudo y lo quejoso. Encrudece la fantasía que brilla en lo fantástico de lo real. ¡Que fantasioso!"

-          ¡Que se calle el “tipo quejoso”¡ - Se oye desde la vereda, como si ese tipo hubiese oído mis pensamientos. Tengo dudas sobre ese tipo ahora. “Tipo quejoso”, me dice. Me molestan las barbaridades que salen de la boca del “tipo-tipo” (¿tipo estándar?). Un viento vuela mi sombrero gris, "oh, viento travieso, no querrás que me queje" Pienso mientras lo junto con mi bastón marrón, bien lustrado y bien brillante. Pero el tipo vuelve a leer mis pensamientos, y grita levantando los brazos, arrugando su camisa blanca y forzando los botones de su chaleco negro:
-          ¡Que alguien calle al tipo quejoso¡ - Después de repetir la bendita queja media docena de veces, la voz del tipo-tipo (que ya no es más) bien su volumen disminuye. Se escucha lejos y un poco más. Lo ignoro - ¡Se ha callado el tipo quejoso¡ ¡Se ha callado¡ ¡Escuchad nada más, se ha callado¡ - A penas oigo, con suerte al tipo-tipo, que es en realidad el verdadero tipo quejoso, su voz parece salida de un cine a unas varias decenas de kilómetros, que suerte.
- ¡Cállate ya, tipo quejoso¡ - Le responde otra voz al tipo quejoso, un tipo cansado. Y el tipo cansado es tan quejoso como el tipo quejoso, que ahora es un tipo callado. ¡Que fantástico!
  Un momento… ¡Resultó ser que el tipo quejoso también era yo, el tipo fantasioso! Quejando del tipo cansado; y del tipo-tipo, tipo quejoso. ¡Que quejoso¡
  Continúan gritándose de vereda en vereda los tipos quejosos, ya cansados de insultos y quejas. Se marchan a sus casas, donde se quejarán a su mujer del tipo quejoso, y su mujer se le quejará por ser un tipo quejoso. ¡Cuántas quejas en un mundo quejoso! ¡Que fantasioso!
  ¡¿Por qué tantas quejas en un mundo tan fantasioso?!

-          ¡Cállate, tipo quejoso! – 




Marcos Hillebrand.

viernes, 9 de mayo de 2014

Palabra. Pausa. Esteticismo. Zeta.

Alforja
Bronca
Cúspide.

Día
Escenario
Fuerza
Goce,
Hijo.

Incendio
Jirafa
Karma,

Lapacho
Medusa
Nacimiento.
Obsequio.

Paz
Razón
Sinceridad.

Trueno
Unión
Veloz
Whisky
Xilófono.

Yelmo...
Zeta...

jueves, 1 de mayo de 2014

De pequeño ave a sabio. ¿O de sabio a pájaro?



Abrir las alas. Despegar el vuelo. Despegar del suelo. Salir de las ganas. Conocer Japón. Conocer Australia. Conocer Lisboa y Porto. Conocer el Distrito Federal. Conocer las Islas Canarias. Conocer Perú. Conocer Bolivia. Conocer Montevideo y Buenos Aires, Misiones y Brasilia, Santiago de Chile y Mendoza. Conocer la Pampa. Conocer la Patagonia. Conocer. Conocer el mar. Conocer Washington. Conocer Toronto. Conocer El Salvador. Conocer Cuba. Conocer China, el Everest. Tenochtitlán. Alaska. Afganistán. Conocer la India, conocer Siria. Aterrizar en Madagascar. Aterrizar en Rusia. Aterrizar en Bariloche. Aterrizar en Madrid. Aterrizar en Sudáfrica. Aterrizar en Londres. Aterrizar en Egipto. Aterrizar en Ghana. Caer en el Sahara. Caer en el Polo Sur. Caer en el Polo Norte. Caer en el Océano Atlántico. Caer en El Caribe. Caer en Jamaica. Caer en la Luna. Caer. Caer en Otoño. Caer en Invierno. Caer en el olvido. Abrir las alas. Despegar el vuelo. Despegar del suelo. Salir de Abril. Salir de las ganas. Conocer. Volar. Aterrizar. Caer. Abrir las alas. Despegar. Conocer.


                                                                                   

                                                                                Reflexiones de, ya, Don Atilio.

viernes, 4 de abril de 2014

¿Eres polvo también?

En tu noche aún sigo. Envuelto entre sedas y pieles, y abrigos grises.
En tu noche aún sigo. Escurriéndolas. Entre mis manos como arena se van tus noches.
En mi memoria como nube viaja. En mi memoria como niebla se disipa.
En tu noche me ha costado detenerme.
En tu noche me costó dormir.
Débiles fronteras conectan mis días de tu recuerdo. Se mezclan y lloro...
Matices de sentimiento.
Colores del recuerdo.
Aromas del tiempo.
Víctimas del olvido.
Víctima del olvido.
Actor de tus noches vivientes, muertas.
Es gracioso. Pese a eso, en tu noche aún sigo.
Ahora son mis noches, recuerdo vigente y vil copia de tus noches.
Noches.
Noches.
Claridad.
Te extraño.
O no tanto...Te extraño en tus noches. Aquellas, nuestras noches.
Mírame si vuelas,
cántame si eres viento,
acaríciame si eres melodía,
límpiame si eres mar,
rómpeme si eres tiempo,
deslúceme si eres polvo,
y envuélveme si eres noche.
Envuélveme si eres noche.
Enséñame a dormir, pues en mi cabeza eres viento, melodía, tiempo, mar, pero nunca olvido. Eres también polvo y eres también noche.
Enséñame a dormir. En mi vives aún.

En tu noche aún sigo,
en tu noche me ha costado dormir.

¿Eres polvo también?