Mostrando entradas con la etiqueta Densidad Ilegible. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Densidad Ilegible. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de julio de 2014

Densidad ilegible II


Densidad Ilegible II
Marcos Ezequiel Hillebrand
shaquerla.blogspot.com.ar


Violín soñado.

          Violinistas Húngaros tocan la última pieza frente al emperador y sostienen el equilibrio que va cayendo de a poco como la nieve a los alrededores del continente europeo. Envueltos en sus melodías hablan con las manos y se defienden de las miradas. En un espacio pequeño, tras los demás instrumentos y tras los otros violinistas aparece el pequeño anciano de barba blanca y cabello seco. Siente el devenir de la música y el olor de la guerra. Sabe que una peste se acerca y que tarde o temprano se verán en la obligación de apagar los instrumentos, de poner a correr el tiempo, de dejar que la noche apague las velas, que la nieve deje de caer, la luna ilumine y el fuego deje de calentar. Piensa el violinista húngaro y se convence de su absoluta degradación y de las heridas en el alma que le carcomen poco a poco el cráneo, dejando en absoluta libertad el cerebro, a punto de explotar en medio de una gran sala. Y a su cabeza entran con facilidad los aplausos. Y sin darse cuenta yacía de nuevo en su cama, descalzo, con la luna rebosante en un cielo sin estrellas, y al lado de un fuego frío entre los árboles congelados por el viento sin hogar. Despertó. 


La comodidad del azur.
          Encontrará un abismo donde caer parado, y se lastimará porque le hace bien. Encontrará al final de la calle un templo abandonado donde rezarle a sus dioses muertos, y fingirá estar vivo a cambio de tener en sus manos el destino de sus días, y fingirá también el besar y el abrazar, con la lástima y la pena de haber vendido el alma sin darse tiempo de haber amado primero. Encenderá el hilo encerado sobre el cabo de una vela de hielo, y los dedos le dejarán de funcionar, no le harán caso, y no podrá escribir ni rezar ni acariciar, porque la vela dejará de dar luz, se apagará en agua helada por haber iluminado, y los pies también se le mojarán, entonces no podrá tampoco caminar ni correr ni jugar. 

El valle predilecto y las montañas mironas.

Era extraño saber y tener la seguridad de que él andaba dando vueltas por allí, en forma de quién sabe qué -de alma diría mi abuela y de perro diría él mismo-, entre las montañas que no dicen nada, ni me cuentan si él anda por ahí. Tanto miran, tanto miran que no dicen nada, y están asombradas por la magnificencia de su vuelo, aunque yo no lo veo, y quizás ellas tampoco, lo sienten, que anda por allí cantando en silencio y en transparente fulgor. Era extraño saber también que yo de un momento al otro terminaría allí volando también a su lado, pero en soledad. Su compañía es fría o calurosa, pero nunca es compañía, y eso también me resulta extraño saber. No sé como sé, pero yo sé. Ahora ando tranquilo y entiendo qué es lo que pasa, y que aquel quién sabe en qué forma ahora es una respuesta clara y libre, en forma de viento.

domingo, 1 de junio de 2014

Densidad Ilegible.

La Densidad Ilegible. 
                            Dulcemente densa. 
                                                     Intensamente entrañable.
                                                                                         ¡Ah!

Replantease la búsqueda.
  
Si en el ocaso se oculta el sol y al amanecer renace. La luna llueve tras las nubes y las nubes llueven a la luna, tocada por el hombre, ya en verdad, o ya en ficción. Tocada por el hombre al fin. Y el sol ¿cuándo tocaremos el sol? ¿Será necesario quemarnos y aprender allí que eramos nada más que monos jugando con fuego?

Haciendo al humo cascada.

  Yo no puedo imaginar al fuego que arde por sí mismo sin humo. Tampoco puedo imaginar un humo frío. Inevitablemente el humo que sale del fuego puro, es caliente. El humo, entonces, es inevitablemente caliente si el fuego lo es. Plantéese usted un humo frío saliendo de fuego caliente, o una voz en silencio que sale de una boca sembrada.

  
                                                              Densidad Ilegible.
  Mirar, húmedo frío de la lluvia, y la música que canta, y la masa que espera, y su densidad, su dulzura. Dulcemente densa, que barbaridad. Y el mar que agobia,y mi pecho que se oculta bajo las ganas de explotar, y mi boca que no sabe como desahogar, y me ahogo en mi pecho, tan difícil de descubrir, tan difícil de explorar. Y respiro profundo, y no entra el aire suficiente en mis pulmones, y mi pecho sin embargo se infla como solo se infla mi pecho. Y sin decir nada grito, y sin hablar nada grito, y sin herirme me caigo, y sin caerme me hundo. Y sin hundirme tomo una cerveza, pero tomo una cerveza y después me hundo. Y ¿qué hiciste? ¿Qué hiciste que ahora estamos tan así? Tan olvidados estamos. Tan escondida vos de mi. Tan escondido yo de vos ¿Hace falta siempre un idiota que intente interrumpir lo que no se puede interrumpir? Siempre los idiotas son inoportunos y arruinan lo que pienso. ¿Es necesario que yo también sea un idiota? ¿Es necesario que yo lo arruine todo?

   Y en el agua del estanque se refleja la luna. Y en el agua del estanque se refleja mi luna. Y en la luna se refleja tu mirada. Tan lejos. Tan húmeda.