jueves, 22 de mayo de 2014

Recopilando V. Viejos versos olvidados y reencontrados.

"Figúrate, que no eres más un hombre..." (Almendra)

Pero de nadie

Me siento de colección por ahí
Por estos lados y porque si
Sin saberte decir de quién
Pero de nadie, te puedo afirmar.

Me siento de colección por ahí
Pero me puedo mover y así
Darme rosca y a zigzaguear
Voy cultivando la curiosidad.

Saldré a cantar, un balcón o dos
Me esperarán, con un vino y hoy
Aunque la noche va y el día volverá
Se cosechará la amistad.

Me gusta y doy fe de verme así
Tengo un sitio dentro de mi
Y afuera por si quiero pasear
Pudiéndome así encontrar, y dar.

Darme rosca y zigzaguear
Voy cultivando curiosidad.
Saldré a cantar, un balcón o dos
Me esperarán, con un vino y hoy
Aunque la noche va y el día volverá
Cosecharán la amistad.




Marcos Hillebrand (5-11-2012)

Recopilando IV. Viejos versos olvidados y reencontrados.

Suele no ser tan profundo
pero igual de revelador.
Y tan chico es el mundo
que te miro y pienso,
si también has perdido la voz

Son las horas como hormigas,
desgarradoras y homicidas.
Y una heterogénea solución,
mil pedazos que son imposibles de juntar
se juntan. Para cortarnos la piel...
¿También has perdido la voz?

"Canta a mi lado como yo no canto,
y cantaré a tu lado como tu no cantas",
cantamos en silencio los dos,
y volviendo a recobrar la voz.
¿Hemos olvidado al dolor?
¿Hemos recobrado la voz?



Marcos Hillebrand.

Recopilando III. Viejos versos olvidados y reencontrados.

En el puñal del arroyo, mientras corre veloz,
busca una sombra su sendero.

Y en el puñal de mi arroyo, busco en el barro un beso que pasó,
Volver y ser eterno.

Busca un beso que pasó,
Volver y ser eterno.



Marcos Hillebrand.

Recopilando II. Viejos versos olvidados y reencontrados.

Las horas fugitivas del sol.

Las canciones cada vez hablan mas por mí.
Y en algunas ocasiones me olvido de morir.
Todos los días del verano el invierno quiere estar
en tu mente, y no en vano te hacen titubear 

Y el corazón: la demanda...
Se escapa siempre a la nada
Y cuando lo necesito... Se lleva mis abrigos

Pero suenan los acordes...
Y bailo con tambores en el pecho, 
y se sacude el cuerpo, fuerte el pecho.
¡Hay enrosque! Caliente el pecho.
La garganta hoy tiene trueno.

Una canción o una postal, que da vida completa.
Momento con eternidad.
Miradas verdes, rojas, azules, grises y negras.
Obtengo un segundo la eternidad.
Almas que recuerdan, viajes hasta el cielo,
y bajan por un sorbo mas de felicidad.
Alegría.
Que no salga el sol con esta noche que da vida
Serenas las horas no son aburridas. Por fin.
Serenas las horas no son aburridas. Por fin.!
No son aburridas, por fin, no son aburridas.
Las horas fugitivas del sol. Por fin!
Las horas fugitivas del sol.


Marcos Hillebrand.

Recopilando I. Viejos versos olvidados y reencontrados.

Bajo el mismo Árbol.

Sabes como ensuciarte.
Sabes como encontrarme y,
que al desarmarme te busco en mis pedazos

Antes de acostarme haré gritar tu nombre,
por si estás dormida,
puedas escucharme

Y en una sombra más...Bajo el mismo árbol...
Alejados por...
Una distancia infernal que nos separa... y amarra.

Bebe de mis libros.
Toma mi mano en tregua una vez.
Pero no comas de mi abrazo... que por el tiempo muerde
Y no hay como evitarlo...Si te has curado lejos.
Si te has curado lejos...no queda nada por arder.



Marcos Hillebrand.





miércoles, 21 de mayo de 2014

- "alemental" - "asencial" -

  Se carga el nido, cada vez más, de plumas negras y humedad. Sueña el pajarito de plumaje amodorrado encontrarlo todo roto al nido una mañana, y poder volar como nunca voló.
  No se busca en las pajas la raíz. Tan secas, tan reventadas. Tan en su final las pajas.  Ni espinas en las alas, ni remiendos en el pico, ni plomo en las patas, ni heridas en la piel o veneno en las heridas; eso no se busca, y si se busca, ni se encuentra, digo yo porque no están. No se busca, porque si se busca, no se vuela tampoco. Y no se encuentra, y uno tampoco se encuentra. Entonces, eso no se busca, pero sin embargo se sigue buscando; uno busca.

  En un sopor a punto de dormirse para siempre, el ave comienza a soñar, y el sueño del ave también comienza a soñar. Un sueño primero, después el siguiente, y el siguiente, y así uno tras otro. Y van muriendo los primeros sueños, y cada sueño que le sigue al anterior es más cortito, más fácil, más cercano, más vacío... menos sueño. Cada vez más vacío, y no solo en los sueños: ya en él... Y los primeros siguen muriendo, uno tras otro, como si nunca hubiese despertado... Y se embarra en la depresión, y las alas se le contagian del pus en su cabeza, hundida en su pecho, buscando algo que tiemble, algo que se mueva. Escuchando, por las dudas, si el corazón seguía todavía en su lugar, si no había escapado, como el quería, o si no había muerto, como el sabía que ocurriría.
  Moriría su corazón, sin importar que siga latiendo. Moriría su corazón, y seguiría el pum-pum, pum-pum, pum-pum...pum-pum...
  Como cualquiera de su clase -o la mayoría-, el ave tomará en sus alas que se hicieron garras, un retrato de lo que haya sido quizás un alivio, o un motor, o una carga. Con gran esfuerzo de concentración, predisposición, y fuerza muscular -tanta fuerza necesita, pobre el pájaro, sus músculos se le quebraron por el tiempo-, dejaría nuevamente la imagen sobre una vieja paja, que a pesar de nueva, siempre resultó en realidad vieja, sin raíz, sin semilla... alemental... asencial.
  Sumándose a los eventos, unos vientos fríos que ya los conocía como conocía su nido, se acercarían a soplarle el rostro, y le harían lagrimear la mirada casi cerrada en su totalidad. Casi sin dejarle ver tantas cosas, como todas las cosas que no veía todos los días. Cosas simples y esenciales: dónde había dejado el retrato, cómo estaban sus plumas, cómo estaba su cabeza, y cómo estaba su nido. Duro.
  Tan duro el nido, que ni el tiempo lo endurecía ya más de lo que había podido endurecer. Tan duro el nido, que ni el viento, ni el rayo, ni la lluvia le preocupaban. Sin intenciones, se había acostumbrado el ave a la dureza del nido, y ni el viento, ni el rayo, ni la lluvia le preocupaban más que saber cuándo saldría el sol de nuevo. Un sol que a sus espaldas brillaba tanto que le saludaba, tristemente, en vano.




Marcos Hillebrand.

domingo, 11 de mayo de 2014

La calle de las quejas. Quejosos en las veredas.

    Un día cualquiera hablando con mis interlocutores fantasiosos (yo): - "Caracterizados por “el palo” (no hay quien se salve del "palo"). Fantasiosos algunos en un mundo tan real por lo crudo y lo quejoso. Encrudece la fantasía que brilla en lo fantástico de lo real. ¡Que fantasioso!"

-          ¡Que se calle el “tipo quejoso”¡ - Se oye desde la vereda, como si ese tipo hubiese oído mis pensamientos. Tengo dudas sobre ese tipo ahora. “Tipo quejoso”, me dice. Me molestan las barbaridades que salen de la boca del “tipo-tipo” (¿tipo estándar?). Un viento vuela mi sombrero gris, "oh, viento travieso, no querrás que me queje" Pienso mientras lo junto con mi bastón marrón, bien lustrado y bien brillante. Pero el tipo vuelve a leer mis pensamientos, y grita levantando los brazos, arrugando su camisa blanca y forzando los botones de su chaleco negro:
-          ¡Que alguien calle al tipo quejoso¡ - Después de repetir la bendita queja media docena de veces, la voz del tipo-tipo (que ya no es más) bien su volumen disminuye. Se escucha lejos y un poco más. Lo ignoro - ¡Se ha callado el tipo quejoso¡ ¡Se ha callado¡ ¡Escuchad nada más, se ha callado¡ - A penas oigo, con suerte al tipo-tipo, que es en realidad el verdadero tipo quejoso, su voz parece salida de un cine a unas varias decenas de kilómetros, que suerte.
- ¡Cállate ya, tipo quejoso¡ - Le responde otra voz al tipo quejoso, un tipo cansado. Y el tipo cansado es tan quejoso como el tipo quejoso, que ahora es un tipo callado. ¡Que fantástico!
  Un momento… ¡Resultó ser que el tipo quejoso también era yo, el tipo fantasioso! Quejando del tipo cansado; y del tipo-tipo, tipo quejoso. ¡Que quejoso¡
  Continúan gritándose de vereda en vereda los tipos quejosos, ya cansados de insultos y quejas. Se marchan a sus casas, donde se quejarán a su mujer del tipo quejoso, y su mujer se le quejará por ser un tipo quejoso. ¡Cuántas quejas en un mundo quejoso! ¡Que fantasioso!
  ¡¿Por qué tantas quejas en un mundo tan fantasioso?!

-          ¡Cállate, tipo quejoso! – 




Marcos Hillebrand.